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Odín Dupeyron: 21 años recordando que la vida se trata de vivir
El actor recuerda algo que fácilmente se puede olvidar, que también se viene a este mundo a vivir.
Piedras Negras

Odín Dupeyron: 21 años recordando que la vida se trata de vivir

Dupeyron continúa conectando con un público que ríe, reflexiona y regresa una y otra vez a verlo.

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Autor: Orquídea López Allec
17 de agosto de 2026 a las 08:36 · 365 Vistas · 2 min de lectura

Piedras Negras, Coahuila.- Han pasado casi 21 años desde que Odín Dupeyron comenzó a llevar al escenario uno de sus monólogos más conocidos; y contra lo que podría esperarse después de tanto tiempo, el público continúa llenando las butacas, riendo, reflexionando y, en muchos casos, regresando para verlo una segunda, tercera o hasta más veces.

La clave, reconoce el propio actor, escritor y director, no responde a ninguna fórmula secreta.

“No tengo la menor idea, no es fórmula. Lo hice y a la gente le gusta y le sigue gustando”, admite entre risas luego de finalizar su presentación en Piedras Negras, Coahuila.

El verdadero reto, explica, ha sido conseguir que cada función conserve la frescura de la primera vez, aun cuando lleva miles de presentaciones y las palabras de la obra forman parte de su memoria.

“Ahora el reto es que parezca fresco, que es la primera vez que la digo después de 21 años”, señala.

Y es que Odín Dupeyron algo ha descubierto en este largo recorrido: El público conoce la obra casi tan bien como él.

 

Una obra que el público aprendió de memoria

Con el paso de los años, quienes acudían a verlo regresaban, pero ya no solos. Volvían con la mamá, el papá, una tía, la pareja o los hijos para compartir con ellos aquello que les había provocado la primera función.

Fue entonces cuando Odín Dupeyron comprendió que modificar demasiado el espectáculo podía ser un error.

“Cuando hice algún cambio en una escena, de repente porque era muy larga, la gente me empezaba a decir: ‘Oye, ¿y la escena tal? ¿Y qué pasó con lo de tal? ¿Y qué pasó con los 600? ¿Y qué pasó con lo del huevo?’ Y dije: ‘No manches, se la saben’”, apunta.

La anécdota detalla que terminó convirtiéndose en una regla para el monólogo: Mantenerlo prácticamente intacto.

Para él tiene sentido, si una persona ya vio la obra y decide volver a verla años después, esta vez acompañada de su madre, su esposo, su esposa o sus hijos, quiere que ellos encuentren la misma experiencia que ella vivió.

“Trato de hacer exactamente lo mismo para que la gente la vuelva a ver igual”, explica.

Así, la permanencia de la obra no está necesariamente en cambiarla, sino en permitir que cada espectador encuentre algo distinto dentro de la misma historia.

 

El peligro de olvidarse de vivir

Uno de los mensajes que atraviesa el trabajo de Odín Dupeyron es sencillo, pero profundo: La gente se está olvidando de vivir.

En medio de las obligaciones, las preocupaciones y la rutina, explica, el ser humano puede quedar atrapado en el día a día y dejar para después aquello que realmente disfruta.

“El cerebro evolucionó para preocuparse por aquí, ahorita”, dice.

Durante miles de años, explica, la supervivencia exigía concentrarse en el presente inmediato; pero hoy la expectativa de vida es mucho mayor y tenemos la posibilidad de detenernos y preguntarnos qué estamos haciendo con nuestro tiempo.

“Tenemos chance ahorita y tenemos conciencia de frenar tantito y decir: ‘Acuérdate que tienes que disfrutar’”, enfatiza.

Esa es precisamente una de las intenciones que busca provocar con sus obras: Recordarle al público que también tiene derecho a hacer una pausa.

Ir al cine, salir con los amigos, comer algo que disfruta, compartir tiempo con la familia, reír, viajar. Hacer aquello que muchas veces se posterga porque siempre parece haber algo más urgente.

“Acuérdate que sí hay que darse espacio y que hay que tener momentos e irse al cine y disfrutar la vida”, sostiene.

El monólogo lleva a vivir diferentes emociones, el público va de la risa, hasta las lágrimas.

 

Dos horas contra la velocidad de las redes

Hoy en día, los videos de pocos segundos, desplazamientos interminables de pantalla y una avalancha de contenidos que compiten permanentemente por la atención, lo que parece jugar con desventaja para el teatro.

Pero Odín Dupeyron encuentra precisamente ahí una de sus mayores fortalezas.

No pretende competir directamente contra las redes sociales. Su respuesta es continuar creando contenido que valga la pena y, sobre todo, defender la experiencia de sentarse frente a un escenario y permanecer ahí durante dos horas.

“Lo único que hago es tratar de hacer un mejor contenido en redes yo y de seguir manteniendo el teatro”, explica.

Y hay algo que todavía lo sorprende: Que una persona pueda permanecer sentada durante todo un monólogo y al final decir que el tiempo se le pasó rápidamente.

“Es padrísimo, o sea, sí sigue siendo un monólogo”, apunta.

Para él, lograr que alguien se desconecte durante dos horas de la velocidad cotidiana y se entregue a una historia representa una pequeña victoria frente a la inmediatez.

 

“Ya triunfé”

A sus proyectos, obras y escenarios todavía les queda camino por recorrer, pero cuando se le pregunta qué le falta por vivir a Odín Dupeyron, su respuesta sorprende por su sencillez.

“Nada”, enfatiza.

No porque crea que ya lo ha vivido todo, sino porque asegura sentirse satisfecho con la vida que ha construido.

“ La verdad es que estoy muy contento, estoy muy feliz, tengo una buena vida”, agrega.

Lo que quiere ahora no es alcanzar un reconocimiento específico ni perseguir un logro que le permita sentirse realizado. Quiere vivir más.

“Me falta vivir y más años y más gente y más teatro y más comida y más amigos y pasármela bien hasta que me muera”, subraya.

Y entonces resume su filosofía en una frase contundente:

“Así como un logro específico, ya yo ya triunfé”, expresa.

“Ya estoy muy contento con lo que soy, muy feliz. Todo lo que venga es un bono”, añade.

 

El teatro como experiencia irrepetible

Para Odín Dupeyron, la importancia de acudir al teatro también está en aquello que ninguna pantalla puede sustituir completamente: La presencia.

Ver a una persona construir una historia frente al público, en ese momento y en ese espacio, convierte cada función en una experiencia irrepetible.

“Es un espectáculo en vivo y es importante ver a alguien construyendo algo enfrente de tus ojos”, afirma.

La magia, dice, está justamente en eso: En ver cómo algo aparece frente al espectador y después desaparece.

Quizá por eso, después de casi 21 años, el monólogo continúa encontrando público. Porque aunque las palabras sean prácticamente las mismas, quienes se sientan en las butacas no lo son.

Cada función reúne a personas distintas, en momentos distintos de sus vidas, con preocupaciones diferentes y con una disposición particular para escuchar.

Y quizá esa sea la verdadera razón por la que una obra puede permanecer vigente durante más de dos décadas: Porque el escenario permanece, pero el público cambia.

Al despedirse de Piedras Negras, Odín Dupeyron deja una invitación sencilla para quienes todavía no han vivido la experiencia de sus obras.

“Espero que vengan la próxima vez que venga acá a Piedras Negras, que vengan al teatro, que conozcan las obras y que nos veamos por aquí”, invita.

Después de dos décadas, el actor y escritor continúa haciendo lo mismo que ha hecho durante todo este tiempo, el subir al escenario, contar su historia y recordarles a quienes están sentados frente a él algo que, en medio de la vida cotidiana, fácilmente podemos olvidar: Que también vinimos a este mundo a vivir.


dmc

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