Por: EFE
Berlín, Alemania; 15 de abril.- El Real Madrid murió en la orilla de la remontada, envuelto en una épica insuficiente para batir al Bayern Múnich, que firmó una victoria (4-3) con la que terminó la temporada del equipo de Álvaro Arbeloa tras despedirse con dignidad de la última bala que en otras ocasiones dio en la diana: la Champions League.
Y es que hay noches en Europa que no se explican, se sienten. Y esta empezó con un guiño inesperado del destino, de esos que tanto le gustan al fútbol y tanto desconciertan a la lógica. Porque en el escenario del Allianz Arena, donde se esperaba el ruido de Mbappé, la electricidad de Vinícius o el mando de Bellingham, emergió un nombre que no figuraba en los focos entre tanto debate: Güler.
Y lo hizo sin pedir permiso. A los 39 segundos. Ni uno más. Un error impropio de Neuer, gigante en la ida, abrió la puerta. Mala entrega, balón al centro, y Güler, sin domesticarlo siquiera, lo envió directo a la red. Así, sin prólogo. El Real Madrid igualaba la eliminatoria antes de que el partido se sentara en la mesa.
El Bayern respondió pronto. A los cinco minutos, cuando un córner encontró la cabeza de Pavlovic bajo la línea. Lunin midió mal la salida y Alexander-Arnold se quedó a medio camino. Empate. Vuelta a empezar. Y ahí el partido se convirtió en una prueba de resistencia.
Durante 25 minutos el Bayern apretó, dominó, empujó al Madrid hacia su área. Pero cuando parecía que el guion tenía dueño, volvió Güler. Falta al borde del área, perfil zurdo, y un disparo cercano a la escuadra de Neuer: golazo, el que reclamaba el madridismo.
Pero no era noche de administrar ventajas. Era noche de sobrevivir a los golpes. Avisó Kimmich, insistió Stanisic y respondió Lunin hasta que apareció lo inevitable: Harry Kane. Porque Kane no suele perdonar. Y no perdonó. La jugada nació en una grieta central que encontró Upamecano, con Alexander-Arnold otra vez distraído. Control, pausa y definición. Gol. Empate otra vez. Pulso intacto.
Y cuando el descanso ya asomaba, el Real Madrid recordó quién es. Primero un aviso de Vinícius al larguero. Después, el tercer martillazo: contra perfecta, definición de Mbappé ante Neuer y 2-3. Así, sin anestesia. Porque el Real Madrid, cuando parece sometido, no se rinde. Y menos en la Champions League.
El segundo acto se presentaba frenético y no apto para cardíacos, pero más de contención y más tacticismo, porque el final estaba cerca. No había espacio para más errores, podían ser fatales. El Bayern insistió con la pelota, cerca del área, pero con menos físico para la presión y más espacio para las contras del Real Madrid.
Y así se llegó a los minutos finales, con los dos equipos a un gol de las semifinales y con miedo a una imprudencia fatal. Todo se iba a decidir en un detalle, en un error fatal, y este fue el de Camavinga, señalado dos veces esta última semana y una tercera en el peor momento: saltó al terreno de juego en el minuto 62 y fue expulsado por doble amonestación en el 87.
Entonces, apareció Luis Díaz. Justo después, en el 87′, El colombiano, uno de los menos inspirados del Bayern, se sacó de la chistera un zapatazo desde fuera del área que acabó con todo.
Después Olise cerró la puerta con el 4-3 definitivo y la épica a la que parecía abonada el Real Madrid se desvaneció en dos instantes, en donde dio por finiquitada la temporada: adiós a la Copa, adiós a la Liga y adiós a Europa. El equipo de Arbeloa dio la cara, pero tarde. Fin.