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Un becerro es su única esperanza para estudiar
Coahuila

Un becerro es su única esperanza para estudiar

La familia ejidataria carece de recursos para comprar los útiles de los niños. Esperan que su vaca tenga un becerro saludable para venderlo y hacer los gastos que la escuela pide.

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Autor: Superchannel
22 de agosto de 2017 a las 02:31 · 814 Vistas · 2 min de lectura

La familia ejidataria carece de recursos para comprar los útiles de los niños. Esperan que su vaca tenga un becerro saludable para venderlo y hacer los gastos que la escuela pide.

Por: Rosalío González

Saltillo, Coahuila.- Todas sus esperanzas están puestas en el becerro que tendrá la vaca que le dieron a su padre. Omar y Rubí viven en El Salitre, uno de los cinco ejidos más pobres de Saltillo, según la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol). Ayer asistieron a su primer día de clases con las manos vacías. “No hubo dinero para comprarles la mochila, ni útiles; espero que la vaca dé un buen becerro y lo podamos vender para comprarle a mis hijos lo que necesitan”, dice su papá José Guadalupe Gallegos. No hay mayor tristeza que ver a un par de niños que ingresaron a segundo y quinto de primaria y se sienten avergonzados por su pobreza. La impotencia de no poder, como muchos de los niños en la ciudad, tener lo indispensable para sentirse felices por regresar al aula. Omar y Rubí llegaron a la única escuela en su ejido, ubicado a 90 minutos de Saltillo, la Héroe de Nacozari, y se pararon en la puerta mientras su madre explicaba a la maestra que sus hijos asistirían pero sin útiles ni mochila, sólo con el sueño de un mejor mañana. Lo único que los hermanos estrenaron fue el uniforme que recientemente les fue entregado por el Gobierno. Omar alcanzó a cargar en su bolsa un lápiz verde muy pequeño, pero nada más. Por eso no querían ir a la escuela, por pena. Se despertaron desde las 6 de la mañana, como mucha de la gente del campo, y desde entonces pasaron los nervios y la tristeza de querer regresar a la primaria, pero también de no volver a ella hasta que sus padres puedan comprarles lo necesario, que puede o no ser pronto. “Quiero que mis hijos sigan estudiando. Yo no terminé la primaria y mira cómo sufrimos, no me dan trabajo en ningún lado”, dice José. Los pequeños de 7 y 10 años anhelan recibir pronto una mochila para ellos y para decenas de otros que, como ellos, sufren en la zona rural. “Quiero una mochila de Dora”, dice Rubí, “y yo una de El Chavo”, agrega Omar.

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