La Santa Sede advierte que ante un escenario global fragmentado es promover el encuentro y el diálogo entre grupos
Por: Agencias
Ciudad del Vaticano.- El ‘número dos’ del Vaticano, el secretario de Estado, Pietro Parolin, advirtió que es inútil que los pueblos se cierren en los propios intereses para combatir las amenazas a la paz y a la seguridad.
“Hoy, más que nunca, (...) sirve hacer de la solidaridad entre las personas y los pueblos la alternativa a las armas, a la violencia y al terrorâ€, comentó el cardenal en un discurso preparado con motivo del 50 aniversario de las relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y Madagascar.
El texto, difundido aquÃ, no se refirió abiertamente a las últimas decisiones ejecutivas del presidente estadunidense Donald Trump sobre inmigración y el muro con México, pero algunos de sus pasajes parecieron tenerlo como destinatario indirecto.
Para Parolin el mundo vive una era 'post-global' en la cual prima el deseo de protegerse y cerrarse a todo aquello que es percibido como fuente de peligro y de contaminación de ideas, culturas, visiones religiosas y procesos económicos.
Denunció que en, este contexto, la ambición por el dinero provoca la venta de armas a grupos que pretenden someter a personas inocentes a indecibles sufrimientos.
“Las fronteras no se cierran siempre, están bien abiertas cuando se trata de ganar dineroâ€, expresó.
Además constató que el uso de los recursos naturales y su explotación nunca se ha detenido ante las fronteras de un Estado o a la identidad de un pueblo.
El purpurado señaló que la única alternativa a un escenario global fragmentado es promover el encuentro y el diálogo entre hombres y mujeres de grupos étnicos, culturas y religiones diferentes.
“Se trata de unir ideas distintas, opuestas opiniones polÃticas, visiones religiosas e incluso ideologÃas diferentes, para servir a la causa del hombre, la paz y la justiciaâ€, estableció.
Reconoció que es un camino “difÃcil e incierto en sus resultadosâ€, pero advirtió que la paz se conquista con solidaridad y no refugiándose en “pequeños nichos de interés, en cerrazones individualistas y en el nacionalismo más o menos enmascaradoâ€.
“No se puede lograr la paz sin humildad. Donde existe la soberbia existe siempre la guerra, siempre la voluntad de derrotar al otro, de creerse superior. Sin humildad no hay humildad y sin paz no hay unidadâ€, sentenció.