Cuatro Ciénegas en la mira: La huella que borró el tráfico arqueológico
Coahuila

Cuatro Ciénegas en la mira: La huella que borró el tráfico arqueológico

Robo ‘interno’ deja a Coahuila sin una importante pieza de su historia primitiva.

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Autor: Jesús Castro
11 de octubre de 2026 a las 09:58 · 900 Vistas · 2 min de lectura

Cuatro Ciénegas.- Frente a la imponente roca convertida en cueva, con el sol a espaldas y acariciado por la sombra de un mural milenario, es imposible pensar que se hizo un largo recorrido en auto, caminando un sinuoso sendero de terracería, para ver el hueco donde estuvo la pintura rupestre de una mano, pieza que fue robada por un habitante de Cuatro Ciénegas para entregarla al mercado negro.

Aquel paisaje semidesértico que alguna vez tuvo agua abundante, plantas y animales para ser, por 5 mil años, el campamento de tribus o grupos de nómadas recolectores y cazadores, también alberga 16 cuevas con 4 mil pinturas rupestres y una gran cantidad de imágenes talladas en las piedras, lugares que fueron recorridos y habitados por cientos de generaciones.

Intervienen los expertos

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A kilómetros de la cabecera municipal de Cuatro Ciénegas, en un terreno particular al que hay que ingresar luego de pasar un “portón” de alambre de púas y abrir el candado con el que sólo una cadena custodia la entrada al lugar, nos lleva Yuri de la Rosa, arqueólogo de la delegación Coahuila del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Nadie como él sabe el valor de estos vestigios de un pasado que se esfuerza por interpretar. Con su inconfundible acento chilango señala a un lado y a otro, intentando verter a la mente de sus interlocutores el cúmulo de sus conocimientos sobre la cueva de La Pinta II, la más grande del complejo y la que un ladrón se atrevió a profanar.

Apenas han pasado tres meses desde que el equipo encabezado por la restauradora-perito Sandra Guadalupe Cruz Flores, responsable del Programa Nacional de Conservación del Patrimonio Gráfico-Rupestre del INAH, terminó el trabajo intentando restaurar lo más posible de las pinturas rupestres que un saqueador dañó.

La destrucción sucedió en enero de 2025, cuando habitantes de Cuatro Ciénegas dieron el aviso a las autoridades del robo de pinturas rupestres en la cueva que han llamado La Pinta II y que forma parte de un complejo protegido por el INAH como patrimonio nacional.

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“Cuando resulta la afectación, algo que nosotros nunca habíamos visto, es que intentaron llevarse un pedazo de pintura. Bueno, varios pedazos de la pintura rupestre, pero en aquella parte de allá sí lograron extraer un fragmento completo donde existía una mano”, comparte Yuri de la Rosa.

Fue irremediable voltear a ver en el otro extremo de la cueva una especie de manchón con un color ligeramente diferente al del resto de la cueva. Es el lugar donde antes hubo una mano roja pintada en la roca, que fue desprendida usando una sierra especializada.

Además, el ladrón intentó llevarse otros pedazos de imágenes de las 380 que hay en la cueva, algunas superpuestas, pero no lo logró. Lo que sí hizo fue causar otros cuatro daños al sitio arqueológico, que también ya fueron restaurados.

El ladrón es de casa

Como el INAH interpuso la denuncia del saqueo ante la Fiscalía General de la República, dice el arqueólogo que se siguieron diferentes líneas de investigación con los pocos indicios encontrados, entre ellos los discos en forma de sierra que usaron para cortar la roca. Hasta la fecha no se ha detenido a nadie, pero, dice el arqueólogo, podrían estar por ubicar al presunto ladrón.

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Nosotros pensamos que tiene que ver con el entorno local; parte de lo que hemos sabido es que en este tráfico siempre hay algún local que saca las piezas a Monclova o a la frontera, y la otra persona las pasa al otro lado y, del otro lado, esa persona que ya las pasó las distribuye con el que ya las va a vender”, expresó Yuri.

Lo dice con contundencia cuando se le pregunta si se trata de un vándalo. La respuesta es que no, que se trata de alguien “con perfecto conocimiento de causa”, lo que les hace suponer que se trata de alguien del mismo Cuatro Ciénegas.

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Este fue un trabajo por encargo, insisto, de alguien del entorno local, que sabía los movimientos del señor Héctor, dueño del predio; sabía cuándo viene él, cómo estaba el sitio, porque seguramente ya lo conocía, esas son las hipótesis, sí es alguien específicamente”, indicó el arqueólogo.

Refiere que incluso vinieron expertos y ministerios públicos de México para realizar las averiguaciones, citándolo a él mismo para declarar. También sabe que hubo más personas del municipio que fueron a dar testimonios ante la Fiscalía, intentando dar con el autor material, el primer eslabón de este saqueo, que no es el autor intelectual del robo.

Un encargo personal…

Mientras explica que la pintura de la mano roja robada podría ser una especie de manera de identificación de alguna de las tribus o grupos nativos que habitaron esa región, platica que es la primera vez que sucede un saqueo de este tipo.

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Señala que lo más triste de todo es que, por ese corredor de asentamientos humanos, pasaron miles de personas y grupos desde hace 5 mil años y hasta hace unos 500 años, respetando unos y otros esas pinturas rupestres, algunas superpuestas a otras más antiguas, y ninguno se atrevió a cortarlas para llevárselas.

Comparte que, en el siglo pasado, al fondo de ese corredor rocoso, existió una mina de estroncio, material que todavía se puede ver regado por el camino polvoriento que lleva a las cuevas. Ese material se usaba para la fabricación de los cinescopios de las televisiones de bulbos, pero con la aparición de las pantallas y el desuso de las antiguas televisiones, la mina cerró.

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Por aquí enfrente pasaban los camiones cargados con el material de la mina, seguramente también por aquí, por ese camino, pasaban los trabajadores de la mina, yo pienso que hasta llegaron a sentarse en la sombra de estas cuevas, qué se yo, a platicar, a descansar, o a comerse su lonche. Pero ninguno se atrevió a dañar las pinturas, a cortarlas, a robarlas”, expresa Yuri.

Por eso le entristece que, luego de miles de años en la prehistoria, los cientos de años pre y post colonización y desde que fueron descubiertas por arqueólogos, ningún habitante local se había atrevido a dañar ese patrimonio, hasta que hubo quien se prestó al saqueo, del mismo municipio, cegado por la ambición de un contratante.

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Nosotros a través del trabajo en toda esta región de décadas, pues sabemos que hay toda una red de tráfico de piezas arqueológicas y no solamente en Coahuila, en todo México. Hay un tráfico de piezas arqueológicas impresionante. Coahuila no es la excepción, es parte de este tráfico, y este fue un trabajo específico por encargo de alguien”, advierte el entrevistado.

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Cicatrices del daño

Al observar el lugar donde trabajaron las expertas restauradoras del INAH, se advierte que en el sitio donde estuvo la pintura de la mano que robaron sólo se rellenó con material muy similar al de la misma cueva, pero no se volvió a pintar la figura extraída.

Lo que hicieron las restauradoras fue recuperar todos los pedazos de roca que se desprendieron no sólo del hueco donde extrajeron la pintura, sino también de otros cuatro lugares de la misma cueva que intentaron cortar, los cuales rearmaron como si fueran piezas de un rompecabezas.

Lo anterior se logró gracias a registros detallados, fotográficos y milimétricos de todas las cuevas, documentos en un archivo digital producto de años de investigación y un levantamiento láser realizado en 2010, que permitió identificar totalmente la composición física y pétrea, además de los materiales que usaron como pigmentos para realizar las pinturas.

Gracias a esos documentos se sabe, por ejemplo, que el color rojo con el que fueron pintadas la mayoría de las figuras en la cueva fue hecho con óxido de hierro, elemento que está presente en la tierra roja que todavía abunda en ese valle.

Las tonalidades amarillas de algunos dibujos las lograron con esa misma tierra, pero buscando variación de tonalidades; el negro, con el hollín del carbón con que cocinaban, y el blanco, con la cal que abunda desde hace siglos en la región.

Entonces, lo primero que hicieron las restauradoras fue restituir la roca, pero donde no había elementos con qué restituir dejaron el espacio tal cual, pues este trabajo jamás falseará una obra original incluyéndole una nueva versión para sustituir la original.

En su lugar, las expertas del INAH dejaron una serie de puntos pigmentados en los sitios donde existió la pintura de la mano robada y en otros sitios dañados, para dejar evidencia de que ahí existió un vestigio milenario que se perdió para siempre.

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Además esa es parte de la intención, que haya una cicatriz, porque la roca tiene memoria y aquí hay una cicatriz de que hubo un vandalismo, un saqueo y una afectación”, declara Yuri. Además, lamenta que sea imposible resguardar estos escenarios naturales, que son constantemente visitados por guías turísticos con permiso del dueño, pero también por curiosos solitarios.

Aunque no todo fue negativo, tras la exitosa restauración se logró hacer una limpieza de la cueva, al grado de que las imágenes y pinturas son mucho más nítidas a la vista. Incluso, lograron identificar figuras superpuestas o escondidas detrás de otras que no se tenían registradas.

La cueva de la cosmovisión

Yuri de la Rosa reconoce que no hay manera de interpretar el motivo o razón de cada dibujo, pues los pintaron durante 5 mil años, y las más recientes datan de hace 500 años, cuando ya había en la región una identificación de tribus, entre ellas los tobosos, pero ni siquiera se puede asegurar que todas estas imágenes fueron pintadas por esa tribu en particular.

Y debido a que la colonización, con la llegada de los españoles, acabó totalmente con los nativos de esa región, no existe nadie descendiente de aquellas etnias o grupos nativos que pudiera hablar sobre por qué y para qué se pintaba en esas cuevas.

Pero todavía hay mucho más misterio en los miles de figuras, la mayoría lineales, que fueron talladas en la roca y que podrían significar cualquier cosa, incluso algún tipo muy primitivo o rudimentario de comunicación. Sin embargo, no es posible saberlo ahora.

Para Yuri, el conjunto de pinturas rupestres en el techo y las paredes de la cueva representa una cosmovisión que cada grupo nativo que llegó tenía de su mundo, de su entorno y de la forma en que representaba su vida, pues descubrieron que la forma de pintar de Cuatro Ciénegas es diferente a los hallazgos del resto de las pinturas en La Laguna, Saltillo o la frontera de Coahuila.

Por eso, en su interpretación de las imágenes, basadas en su experiencia personal e investigaciones, alcanza a distinguir figuras que podrían representar elementos del cosmos, como la luna, el sol, los astros, las constelaciones, los cometas y las estrellas fugaces. Pero también animales, plantas, el agua y, por supuesto, el ser humano en diferentes acepciones.

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Podemos decir subjetivamente que es abstracto y que lo que aquí está representado son ideas, figuras, y podemos nosotros como investigadores, a los que nos dedicamos a la interpretación de la pintura rupestre, decir que hay ciertos temas a los que están dedicadas las pinturas”, indicó.

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Con forma de mujer

Entre las tantas interpretaciones que se han hecho de la cueva, una tiene que ver con la forma que presenta desde afuera. Según Yuri, parece tener la forma de dos grandes glúteos, separados por una grieta natural de la roca, lo cual se complementa con el hecho de que, en el interior, esa grieta forma una especie de vagina, más notoria porque el contorno fue coloreado de blanco.

Lo anterior, aunado al uso mayoritario del color rojo en las pinturas, podría tener que ver con el período menstrual de la mujer, lo que indicaría, según esa interpretación, que el lugar pudo ser usado como sitio ritual, dirigido o presidido, en diferentes épocas, por una mujer, posiblemente la anciana o las ancianas del grupo. Pero esto, aclara, es sólo especulación.

Así que, tras haber oído todas estas interpretaciones y visto el mural como en una “capilla Sixtina” rudimentaria en Cuatro Ciénegas, al caminar y alejarse de la cueva parecen ir apareciendo en todas partes las imágenes a todo color de la naturaleza que cientos o miles de años atrás observaron los antepasados y que, como una cosmovisión de su mundo, decidieron pintar.

Antes le echaron el ojo

Estando en una de las cuevas llamada La Pinta IV, Yuri de la Rosa encontró en uno de los muros rocosos una punta de flecha, como las que tienen en el museo de Torreón.

Seguramente la encontró alguien tirada e intentaron llevársela, por eso la resguardó para documentarla y posteriormente exhibirla, ya que incluso ese tipo de piezas son patrimonio nacional.

Pero ese robo hormiga que tiene décadas realizándose no se compara con el intento de saqueo de una gran cantidad de piezas arqueológicas resguardadas en la Casa de la Cultura de Cuatro Ciénegas.

Fue en 2008 cuando mil 43 piezas arqueológicas fueron robadas del mencionado recinto. Formaban parte de una colección con puntas de flecha, pedernales, artefactos, utensilios y hasta objetos que pudieran ser de tipo ritual, que los ladrones intentaron traficar en Estados Unidos.

En 2015, autoridades norteamericanas informaron al Instituto Nacional de Antropología e Historia que habían detenido a un particular que intentaba cruzar la frontera con cerca de 4 mil artefactos arqueológicos, que podrían estar vinculados con saqueos en México, entre ellos el de Cuatro Ciénegas.

En ese entonces, Francisco Aguilar Moreno, delegado del INAH en Coahuila, informó que, gracias a que todas las piezas arqueológicas de la Casa de la Cultura en Cuatro Ciénegas tenían una marca de identificación, pudieron comprobar su procedencia, con lo que lograron recuperarlas una vez que fueron repatriadas a México y devueltas al estado.

Ahora, Yuri de la Rosa y la comunidad arqueológica mexicana esperan correr con la misma suerte y que las autoridades de justicia puedan dar con el ladrón de la mano roja extraída de la cueva en Cuatro Ciénegas o, por lo menos, recuperar la pieza. Aunque, incluso volviéndola a tener, jamás volverá a ser lo mismo, pues el daño en la cueva La Pinta II es irreversible.

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Ya están fuera de casa…

Desde su conocimiento en torno a los tantos robos de piezas arqueológicas o paleontológicas que hay en el país, Yuri de la Rosa dice que existe la posibilidad de que esta mafia que mandó robar esta pieza de pintura rupestre en Cuatro Ciénegas ya la haya sacado no sólo de Coahuila, sino del país…

Y de ese mercado negro, lo que se sabe es que venden las piezas a coleccionistas muy privados, no para exposición, sino para tenerlas entre sus pertenencias en sus casas. Por eso, no sólo él, sino todos los antropólogos del país, visitan constantemente sitios web donde pudieran estar subastando u ofreciendo piezas robadas, para ver si llegan a saber de la de Cuatro Ciénegas.


AFL

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