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El Pole Dance más allá del prejuicio
Jazmín Rodríguez encontró en el pole dance no solamente una actividad física, sino un estilo de vida.
Piedras Negras

El Pole Dance más allá del prejuicio

Esta disciplina combina danza, gimnasia, fuerza y flexibilidad.

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Autor: Orquídea López Allec
28 de septiembre de 2026 a las 09:39 · 457 Vistas · 2 min de lectura

Piedras Negras, Coahuila.- Más allá de los prejuicios, el pole dance es una disciplina que combina danza, gimnasia, fuerza y flexibilidad; para la entrenadora Jazmín Rodríguez también representa libertad, disciplina y una nueva forma de mirar el propio cuerpo.

Detrás de los giros, las acrobacias y las coreografías existe un entrenamiento que exige fuerza, elasticidad, coordinación, disciplina y, sobre todo, confianza en el cuerpo.

Detalla que el pole dance combina elementos de la danza y la gimnasia y, aunque sus orígenes están relacionados con los llamados strip club, con el paso del tiempo bailarinas, gimnastas y artistas circenses contribuyeron a su profesionalización.

Destaca que hoy existen competencias y federaciones internacionales que han trabajado en la regulación deportiva de esta disciplina, estableciendo elementos y puntuaciones, con la intención de que algún día pueda convertirse en un deporte olímpico.

Cabe destacar que en México existen organizaciones dedicadas al desarrollo del pole deportivo, entre ellas la Federación Mexicana de Pole Sports y Aero Pole MX, vinculada esta última con la International Pole Sports Federation.

Pero para Jazmín, el pole no necesita comenzar con competencias ni grandes escenarios, puede empezar simplemente con una clase, un giro, un reto.

Una persona puede llegar por curiosidad, como pasatiempo o simplemente con la intención de mantenerse activa, indica, y una clase a la semana puede convertirse en el primer paso.

 

Entonces llega el reto

Aquello que parecía imposible comienza a resultar un poco más sencillo; el ejercicio que durante las primeras clases parecía inalcanzable, meses después puede convertirse en una prueba superada. Y ese avance, de acuerdo a Jazmín Rodríguez, tiene una explicación: El cuerpo se está haciendo más fuerte.

Cuando el objetivo cambia y se busca competir o presentarse profesionalmente, precisa que también aumenta la exigencia, pues se necesita mayor fuerza, elasticidad y coordinación, además de aprender a controlar el miedo de estar de cabeza o sostenerse únicamente con las manos.

Por eso Jazmín insiste en algo fundamental: El proceso debe ser gradual.

No se trata de saltarse pasos, se trata de conocer el cuerpo y llevarlo de un punto a otro sin provocar lesiones.

El pole dance ayuda a aprender a mirar el cuerpo desde otro lugar, no desde sus defectos, sino desde su fuerza.

 

Una disciplina para todos

Una de las ideas que Jazmín busca romper es que el pole dance pertenece a un determinado tipo de persona, pues precisa que no es así, ya que en sus clases ha recibido niñas desde los 10 años de edad hasta personas adultas mayores, hombres, mujeres y personas de distintas comunidades.

“Cualquiera que tenga disciplina y constancia puede practicarlo”, asegura.

Para practicar pole dance, Jazmín Rodríguez hace una diferencia importante cuando se trata de menores de edad, ya que las clases que involucran zapatos y pole exótico están destinadas solo a mayores de 18 años.

Subraya que para niñas, niños y adolescentes existen otras posibilidades dentro del pole fitness, la flexibilidad y modalidades contemporáneas o líricas que no incorporan el componente sensual del pole exótico.

La disciplina, entonces, puede adaptarse a diferentes edades y objetivos; para algunas personas será ejercicio, para otras, un pasatiempo, para algunas más, una competencia. Y para otras, como Jazmín, puede terminar convirtiéndose en una forma de vida.

 

De los moretones a las competencias

Jazmín Rodríguez recuerda que ella comenzó en el pole dance hace más de una década, cuando se encontraba en Saltillo y una amiga la invitó a una clase, por lo que aceptó sin saber exactamente qué encontraría en ella.

La primera experiencia, sin embargo, no fue sencilla, ya que terminó con moretones y quedó convencida de que nunca volvería a intentarlo.

Sin embargo, meses después descubrió otra forma de practicarlo; esta vez encontró una clase con calentamiento articular, preparación física y, sobre todo, una manera diferente de enseñar. Y ya no quiso bajarse del tubo.

Con el tiempo llegaron también las competencias, pues Jazmín ha participado en eventos nacionales e internacionales. Su primera competencia fue en Torreón, en 2018, dentro de un evento denominado Volare; posteriormente participó en exhibiciones y en eventos realizados en Ciudad de México.

Viajar a competir también significó descubrir que, fuera de una ciudad pequeña y del norte del país, existe un universo enorme alrededor del pole dance con maestros y maestras, campeonas y campeones, propuestas distintas y nuevas formas de construir una coreografía.

Ante esto, cada competencia se convirtió para Jazmín en una oportunidad para observar y aprender, ya que para ella conocer lo que hacen otras ciudades es importante, así como el dejarse inspirar por el talento que encuentra.

 

Cuando el espejo deja de ser enemigo

Quizás una de las transformaciones más profundas ocurre lejos de las competencias; Jazmín indica que ocurre frente al espejo, ya que para practicar pole dance se necesita contacto directo de la piel con el tubo. Por eso la ropa suele dejar expuestas piernas, brazos y abdomen.

La entrenadora detalla que, para muchas mujeres, enfrentarse a esa exposición puede ser difícil, porque al principio aparecen las inseguridades.

Pero después algo cambia, el foco deja de estar en cómo se ve el cuerpo y comienza a estar en lo que ese cuerpo es capaz de hacer.

Subraya que la mujer que antes estaba preocupada por su apariencia comienza a concentrarse en no caer, en sostenerse, en girar, en avanzar y entonces el cuerpo deja de ser motivo de juicio para convertirse en una herramienta de fuerza.

Para Jazmín, ahí está una de las mayores enseñanzas del Pole Dance: la libertad, para conocerse, para descubrir las propias capacidades y para valorar lo que el cuerpo puede hacer más allá de la apariencia.

 

Tacones que también requieren fuerza

Dentro del pole dance existe también el llamado pole exótico o el pole heels, una modalidad en la que se utilizan plataformas que pueden alcanzar alrededor de 20 centímetros de altura.

Aunque estos zapatos tienen una relación histórica con los strip clubs, Jazmín explica que utilizarlos no significa que la actividad sea sencilla.

Por el contrario, explica que requiere fuerza en las piernas y, especialmente, en tener unos tobillos fuertes.

Detalla que las plataformas también permiten realizar determinados movimientos y desplazamientos propios de esta modalidad; para quienes comienzan, incluso existen opciones como botas que brindan mayor soporte al tobillo mientras se desarrolla la fuerza necesaria.

 

Del estudio a las calles

El pole también ha encontrado un espacio fuera de las academias. En México existe el llamado Día Nacional del Pole Urbano, una celebración en la que quienes practican esta disciplina salen a los espacios públicos para demostrar que detrás de cada movimiento existe una preparación física importante.

La idea es llevar el pole a la calle y utilizar estructuras urbanas para mostrar la fuerza, el equilibrio y la habilidad que requiere.

En Piedras Negras, Jazmín y otras practicantes han llevado esta actividad a espacios como la Plaza de las Culturas y la Macroplaza, porque quizá el mayor desafío no siempre está en subir al tubo; a veces está en vencer los prejuicios.

“En dejar de pensar que el pole dance solamente tiene que ver con sensualidad”, indica.

“En entender que también puede ser deporte, arte, ejercicio y disciplina y, sobre todo, en aprender a mirar el cuerpo desde otro lugar, no desde sus defectos, sino desde su fuerza”, puntualiza.


dmc

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