Toronto, Canadá; 2 de julio.- ¡Qué manera tan hermosa y cruel tiene el fútbol de rompernos el corazón! En un partido que tuvo absolutamente de todo, la selección de Portugal se metió a los octavos de final del Mundial 2026 tras derrotar 2-1 a una aguerrida Croacia. Fue un choque de gigantes que se definió literal en la última bocanada de aire y que, lamentablemente, significó el último baile en Copas del Mundo para el eterno Luka Modrić.
El trámite no empezó nada fácil para los lusos. Al minuto 53, el infatigable Ivan Perišić se encargó de helar la sangre de la marea roja al clavar el 1-0 que ponía a temblar a Cristiano Ronaldo y compañía. Pero si algo tiene este equipo portugués es orgullo. Al 68', el árbitro decretó una pena máxima y "El Bicho" no perdonó: CR7 tomó el balón con un hielo en las venas y la mandó guardar desde los once pasos para poner el 1-1 que encendió la fiesta en la tribuna.
Cuando parecía que las dos escuadras ya firmaban las cartillas para irse a los tiempos extra, llegó el monstruoso cierre de partido. Al minuto 90+4', Gonçalo Ramos se vistió de héroe nacional al cazar un balón en el área y meter un frentazo letal que ponía el 2-1. Parecía que la obra estaba terminada, pero a este guion le faltaba el giro más dramático. Al 90+8', en la última jugada, Croacia mandó a todos al área y consiguió el gol del empate que hacía estallar el banco balcánico. Sin embargo, apareció el villano favorito de muchos: el VAR. Tras unos segundos de puro infarto, el árbitro anuló la anotación por un fuera de lugar milimétrico.
Con el silbatazo final, la alegría portuguesa contrastó con las lágrimas croatas. En medio del festejo luso, los reflectores se quedaron con Luka Modrić, quien entre aplausos de todo el estadio se despidió para siempre de los Mundiales, cerrando una era dorada para su país, mientras Portugal ya saborea su boleto a la siguiente ronda.
OZA